Hoy he leído un artículo muy interesante sobre el origen del sofá-cama. Si bien su creación no está muy clara de cuándo fue o quién tuvo la genial idea (seguiré investigando), lo que sí destaca es la explotación del concepto y los pequeños cambios introducidos para  conseguir que este fantástico  producto funcionara.

Estamos hablando de los años 30, en un Nueva York  que atravesaba la mayor crisis de la historia, el Crack del 29, la Gran depresión, el periodo de entreguerras,…y  nuestro particular  héroe era  un joven  siciliano que  emigró a  América e inició un pequeño negocio de muebles. Ahora bien, Bernardo Castro (así se llama nuestro héroe) se dio cuenta que con la situación económica, la venta de muebles era especialmente difícil. Las familias sacrificaban muebles en pro de ahorrar en espacio y dinero. Así pues pensó en el lujo que suponía tener una cama o un sofá  y decidió unificar ambos conceptos.  Como ya he avanzado antes, él no inventó el sofá-cama, pero sí que aprovechó la coyuntura económica para  ponerlo de moda y su gran aportación fue el sistema de apertura del sofá cama.

En 1948 realizó una de las campañas de TV y radio más populares de Estados Unidos (como las clásicas campañas del negrito de Cola-Cao en nuestro país) consistente en que su hija Bernadette, de 4 años era quien  abría el sofá-cama demostrando así que era  tan fácil que hasta un niño podía hacerlo.

sofa-cama-convertible

sofá convertible

En la actualidad, los sofás-cama han experimentado  grandes cambios: aunque el concepto es el mismo, se han convertido en un elemento indispensable en nuestros hogares, ya que son una solución funcional y de diseño a la vez. Los hay para todos los gustos y bolsillos, con mecanismos sencillos de apertura o  más complejos, de microfibra, de piel, modernos, retros, para despachos, para pisos de estudiantes, para pisos pequeños, para estancias  amplias,…